Las 4 de la mañana. F y yo salimos de Rompeolas en dirección a casita donde me espera un vaso de leche caliente y una cama fría. Cuando hemos recorrido unos pasos, me detengo.
-F, voy a entrar otra vez al pubeto (léase pafeto). Me estoy meando y no sé si me puedo aguantar hasta llegar a casa.
F asiente.
Rompeolas está tan rebosante de gente como hace un par de minutos, llegar al servicio supone un infierno de cuerpos que no se apartan, imbéciles que miran mal por que has cometido el error de querer pasar por donde ellos están y vasos de tubo que se te derraman encima sin ni siquiera escuchar un esbozo de disculpa.
Cuando llego a mi destino me encuentro una cola formada por cuatro chicas. Pregunto y ellas, con una sonrisa, responden. No me resisto a hacer una broma sobre confusiones comunes hoy en día. La chica que hay justo frente a mi, de espaldas hasta ahora, se da la vuelta y se dirige a mi para reafirmar mi broma con otra. Gracias a que cuando hablo con alguien le miro a los ojos, es lo primero que veo en ella. Tiene unos preciosos ojos claros, verde azulados. ¡Guau!, pienso.
Mientras hablamos, algo llama mi atención, algo deshace el conjunto. ¡Sus labios! No puede ser: tiene los labios operados.
Las chicas van pasando una a una hasta que me quedo solo. Yo, mis pensamientos, y una ligera sensación de shock. Quizás sea un ingenuo, pero cuando ves en la tele, o el cine, a tantas chicas (e incluso algún chico) operadas, se ve con cierta distancia. Crees que sólo acuden a cirujanos actrices que se resisten a aceptar el paso del tiempo o folclóricas trasnochadas. Y entonces te encuentras con una chica con unos labios anormalmente grandes que sería la chica más guapa que he visto en mi vida (en persona) si no se hubiese operado.
Al salir del aseo, todavía algo confuso, me encuentro con mi primo A. Le invito a una copa y nos pasamos casi una hora hablando, inevitablemente, de lo rápido que pasa el tiempo. Es inevitable porque la última vez que hablamos más de diez minutos seguidos yo era un adolescente granudo y él un chiquillo que alucinaba con Resident Evil (el juego).
Una noche realmente extraña.
Por si fuera poco, en Flaherty's, una chica me saludó y yo le respondí el saludo. Y no tengo ni la más mínima idea de quién es. Bien D, qué memoria tienes.